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¿Recuerdas la Slow Food o comida lenta? Se trata de un movimiento que nació en Italia en contraposición al fast food o comida rápida y que defiende la importancia de la calidad, la simplicidad y el placer, y que también propone que disfrutar del acto de comer juntos es fundamental. El movimiento Slow Food nació como reacción al fast food, pero pronto cobró entidad propia cuando empezó a definirse como la forma tradicional mediterránea de entender la comida, como una vuelta a los orígenes que dejase atrás la inmediatez y la falta de tiempo tan típica de la vida urbana moderna. Más tarde, se empezó a hablar de Slow Life y Slow Home…

¿Y qué es la Slow Life?

Poco a poco el concepto fue creciendo y aplicándose a otros ámbitos vitales y empezó a hablarse de Vida Lenta y de Movimiento Lento. Una forma de entender la vida desde una visión más calmada, en la que las personas recuperan el control de su tiempo y disfrutan de los pequeños placeres como socializar, comer o pasear. Conforme se ampliaba el movimiento, entraban a examen, además de la comida basura, el turismo de masas y el consumismo desmesurado, entre otros elementos típicos de la sociedad de consumo.

Desde esta perspectiva se volvió la vista a lo tradicional como inspiración de un modo de vida más sostenible, potenciando el consumo local o regional, poniendo el acento en la calidad y la diversidad. Pero, sobre todo, en redescubrir los pequeños placeres que requieren de un tiempo para ser saboreados, tomar consciencia de cómo empleamos nuestro tiempo y darnos cuenta de que no es necesario llenar todas las horas del día de frenética actividad.

Cada vez eran más los aspectos de la vida que podían verse bajo la luz del concepto slow: las ciudades, la moda, el turismo e, incluso, el hogar…

La Slow Home: un hogar acogedor y sostenible

Aplicado al hogar, hacerlo lento significa disminuir el impacto ambiental de la construcción, reducir el consumo de agua y energía, usar materiales de proximidad, naturales y ecológicos. Y todo esto debe de repercutir en las personas que habitan estas casas lentas, haciéndolas más saludables, confortables y prácticas, mejorando así el bienestar de sus inquilinos.

Si estamos pensando en construir una Slow Home, debemos considerar cual es el tipo de vivienda habitual en la zona, ya que probablemente estará adaptada a las características climáticas de la región. Los materiales de la construcción deben de ser locales, naturales y ecológicos, y se debe de reducir la producción de residuos durante la construcción.

Y si lo que estamos pensando es en adaptar nuestro hogar al estilo Slow Home para hacerlo más sostenible es fundamental considerar sistemas de climatización que no pasen por el consumo eléctrico, como pueden ser uso de plantas, cortinas, persianas, sombra y corrientes de aire o también uso de energías renovables como la solar, eólica o geotérmica. Con todo ello, reduciremos el impacto medioambiental de nuestra casa.

Disminuir el impacto humano sobre el medio forma parte del núcleo de este estilo de vida: para ello abrazar la simplicidad de una vida más auténtica que nos permita disfrutar de las pequeñas cosas buenas.

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